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Reflexiones sobre ejercer como Padre, y emprender.

 


Y digo ejercer porque una cosa es ser padre, y otra muy diferente asumir la responsabilidad de ejercer como tal.


He leído muchos artículos de emprendimiento sobre cómo emprender y ser -padre o madre- al mismo tiempo, pero he querido reflexionar sobre mi experiencia y abordar este tema desde otro enfoque, empezando por lo importante, y no por emprender.

He de reconocer que ser Padre era uno de mis sueños vitales, siempre me ha fascinado amar, asumir responsabilidades y construir, y nada me parecía que podía hacer en esta vida más emocionante y provechoso que colaborar en la construcción de un nuevo ser humano al que poder amar incondicionalmente.

Antes de entrar en detalles de cómo ha sido hasta ahora mi experiencia, me gustaría aclarar que sería mi última intención creerme con la capacidad de explicarle a nadie cómo debe educar a sus hijos, existen algunos pero pocos consensos sobre patrones en la educación que perjudican la evolución de un hijo, pero no existe un manual de instrucciones con la forma correcta de hacerlo ante cualquier circunstancia y en cada momento.

Por eso la Paternidad me la he tomado como un camino iniciático, una forma más de conocerme y exigir una mejor versión de mi mismo para ayudar con el ejemplo a sembrar en mi hija las semillas correctas.

Como siempre que comienzo un proyecto, lo primero que hice fue visualizar cómo me gustaría que terminase a largo plazo, y es por eso que me produce un profundísimo respeto dar consejos sobre educación, jamás me metería en algo tan íntimo si no me lo piden, pero si alguien de confianza necesita una segunda opinión sobre cómo debe actuar con su hijo ante una circunstancia concreta, siempre le diré que depende del hijo que quiera construir.

El principal desafío que nos propusimos como padres, es que el día de mañana nuestra hija pueda ser reconocida en términos generales como una buena persona.

Y como objetivos secundarios, fomentar el entusiasmo por el conocimiento, la reflexión, el sentido crítico y la lectura, su sentido de la responsabilidad, resistencia a la frustración, y la disciplina necesaria para que pueda tener una vida ordenada y facilidad para marcarse objetivos y en algunos casos incluso conseguirlos.

Para lograr el primer y fundamental objetivo, ambos tenemos claro que el ejemplo es la única forma de poder enseñar, así que desde que somos padres, hemos elevando notablemente el análisis crítico sobre nuestra conducta para tratar de mejorarla. Me produce tristeza cuando veo a padres muy preocupados porque sus hijos vayan elegantemente vestidos y peinados, al mismo tiempo que están criticando por teléfono a un familiar o amigo, chillando habitualmente, hablando mal, discutiendo aireadamente, generando tensión o teniendo comportamientos inapropiados delante de sus hijos. ¿No se dan cuenta que son esponjas, que son sus referentes, y que todo lo que ven y oyen tendrá un impacto irremediable sobre su futuro?

Otro factor íntimo y personal que nos pareció importante para que su tarea de convertirse en una buena persona tuviera una herramienta más en la que apoyarse, era fomentar en ella algún tipo de sensibilidad espiritual, por eso aunque no somos católicos, en el colegio público la hemos apuntado a religión, me daba más o menos igual qué religión fuese si tenía una raíz Abrahámica, de momento sólo queremos que la use para despertar una visión trascendental de la vida que la aleje del burdo y vacío materialismo. Cuando sea un poco más mayor, ya le enseñaremos otras religiones y la introduciré en el fascinante mundo del estudio comparativo de sus orígenes.

En mi modestísima opinión, la muerte del espíritu es uno de los males que asola Europa desde la ilustración, alejarnos de las leyes naturales y un espíritu trascendental, ha generado una era de sociedades vacías y superficiales, con una fe inquebrantable en el azar, y una devoción desmedida al hedonismo, la sobreestimulación, las recompensas inmediatas, y la despreocupación por el fondo de las cuestiones, esclavos de lo urgente y olvidando lo importante, y todo sin una base que nos permita acceder a una mayor comprensión de la vida.

A partir de aquí, en el día a día todo se reduce a cuidar nuestra conducta para intentar ser el mejor ejemplo posible, y después en conversar, conversar mucho. Me encanta reflexionar con mi hija sobre cuestiones de conducta y lo hago como si se tratase de una adulta desde que tiene 3 años. Hemos conversado sobre la vida, la muerte, la justicia, la empatía, el bullying, el bien y el mal, el conocimiento, la libertad, la disciplina.... y tantos otros temas que repercutirán en la base emocional que forjará su estabilidad.

También he de decir que en los tres primeros años y para fomentar su autoestima, sí nos empeñamos en invertir mucho tiempo en sonreír con ella, recuerdo acostarme por la noche con agujetas en la mandíbula, decidimos que abrazos, caricias y sonrisas serían nuestro plan para inspirar entusiasmo, alegría y autoestima. 

En cuanto a los objetivos secundarios, siempre hemos intentado fomentar en ella la curiosidad por conocer, es más importante inspirar a una persona para que quiera aprender, que lo que aprende, por eso desde muy pequeña nos entusiasmamos los Domingos realizando juntos "investigaciones", elegimos un personaje relevante de la historia, vemos videos explicativos sobre su historia (siempre los hay en dibujos también), y escribimos en fichas que clasificamos los aspectos más relevantes. Pero lo importante de esto no es que mi hija sabe ahora que Marie Curie ganó dos premios nobel y descubrió el Radio y el Polonio, o que Cleopatra comenzó a gobernar Egipto con 18 años, si no ver que cuando se levanta un Domingo por la mañana, viene corriendo entusiasmada y saltando a recordarme que hoy toca investigación juntos, gracias a lo bien que lo pasamos aprendiendo juntos.

El gusto por la reflexión y la lectura se inspira con el ejemplo, y ella ve normal leer cada día porque es lo que ve en casa, sabe que antes de tomar conclusiones es mejor pensar sobre ello, y que actuar impulsivamente no suele acabar bien. Si le preguntas qué dos cosas son las más importantes, te dirá que tener un corazón limpio y una cabeza ordenada, y de momento con que le suene o sea consciente, es más que suficiente.

Fomentar el sentido de la responsabilidad tiene mucho que ver con lo responsable que seas ejerciendo como Padre, y lo explicaré con un ejemplo sencillo, todos sabemos que lo mejor para la educación y el futuro de nuestros hijos, es que aprenda a vestirse, comer, peinarse, hacer su cama, bañarse, limpiarse los dientes, etc.... sólos desde pequeños, entonces, siendo la persona que más queremos en esta vida y teniendo verdadera preocupación por su futuro, ¿por qué no siempre les dejamos? Te lo diré, por pereza y egoísmo. 

Siento ser duro con esto, pero cuando vistes a tu hijo con 4 años lo haces para terminar antes y no tener que madrugar más, cuando le das de comer con 3 años, es para que manche menos y no tener que limpiar, y cuando le cuelgas el abrigo que deja en el suelo al llegar a casa con 5 años, es porque te conlleva menos esfuerzo colgárselo tu que "pelear" con el y pedirle que lo recoja hasta conseguirlo. Pero tu pereza está contribuyendo a que la persona que más quieres en este mundo, tenga menos opciones de adquirir hábitos de conducta responsable que le faciliten una independencia a la hora de desenvolverse y ser feliz por sí sólo cuando sea más adulto.

En cuanto a la resistencia a la frustración, con esto tenemos un serio problema en Occidente. Ahora mismo ya estamos comenzando a padecer los grandes males de fomentar la sobreprotección a una generación completa a la que nos han educado entre algodones, haciendo de la vida de demasiados jóvenes una barra libre de comodidades donde la mayor preocupación vital era decidir a qué país se irían de Erasmus para follar, beber, divertirse y conocer mundo.

Por eso tenemos una generación que resiste tan poco la frustración y el dolor, por eso los matrimonios se rompen con la mínima dificultad, por eso los proyectos se abandonan al menor obstáculo, y por eso Rafael Nadal o Federer no encontrarán rival hasta que se retiren. Por eso tenemos tan poca capacidad de perdonar y empatizar, por eso hay tanta depresión y problemas psicológicos en cuanto uno se enfrenta a las responsabilidades que conlleva una emancipación cada vez más tardía. Y es porque nuestros padres no nos han permitido experimentar la frustración para aprender a gestionarla.

- Que el niño duerma con nosotros que tiene miedo, - no le castigues que lo pasa mal, - está llorando vete corriendo a ver qué le pasa, - corre levántalo que se ha caído, habitaciones llenas de juguetes y estímulos, ¡Y que ningún niño se meta con mi hijo! O me comeré no sólo al niño si no también a sus padres. - Que a la profesora no se le ocurra darle una voz o castigarlo!

Enhorabuena, estás contribuyendo a que tu hijo sea imbécil.

Y lo peor es que este espíritu de sobreprotección no suele venir por amor al hijo, si no como una necesidad emocional de sentirnos importantes como Padres. 

Y vuelvo al espíritu trascendental, vivimos en una sociedad tan vacía de significado, que muchos se refugian en la paternidad para dar sentido a sus vidas, por eso para ellos priman las emociones que les provoca a sí mismos el ejercicio de la Paternidad, a la construcción de una persona preparada para afrontar la vida. Y por eso les encanta sentir la dependencia de sus hijos y temen su emancipación.

¿O creéis que para mi no era dudo dejar que mi hija llorase hasta quedarse afónica cuando la encerraba en el cuarto hasta que se calmase tras una rabieta? ¿O que no siento ganas de ir corriendo a levantarla cada vez que se cae aunque vea que no es nada grave? ¿O que instintivamente no me duele si otro niño se mete con ella o si una profesora le chilla?

Claro, pero sé que todo eso le viene muy bien para aprender a gestionar las frustraciones y resolverlas por ella misma, y es más importante su evolución como persona que mi realización como Padre.

Aún tiene sólo 5 años, pero sabe qué tareas le corresponden y tiene unas rutinas. Los comienzos siempre son duros, pero una vez consigues que se acostumbren a ser independientes y a que no los vas a socorrer si no superan sus tareas por sí solos, después todo es mucho más fácil.

En cuanto a compatibilizar trabajos de alta demanda como emprender con la paternidad, no os voy a contar ningún secreto Arcano, todo es cuestión de organizarse y respetar profundamente la agenda que defines para ambas cosas primando siempre lo más importante. Nunca cancelaré una tarde organizada con mi hija por una reunión o llamada de trabajo, pero hay tiempo para todo, y mi hija forma parte de la empresa, todos la conocen porque ha estado conmigo en reuniones, calls, etc. El trabajo nunca ha sido una excusa para no hacerme cargo de mi hija, y emprender te da esa libertad.

Una cosa que sí he hecho desde que ella es muy pequeña, es que cuando me voy a trabajar, siempre me ve entusiasmado y siempre le he dicho que voy al trabajo a divertirme, con eso he conseguido que relacione trabajar con pasarlo bien, y siempre quiere venir conmigo a la oficina, le encanta ponerse con su teléfono de juguete a ayudarnos con tareas en la empresa.

Por último, no quisiera generar la sensación con estas reflexiones de que se tratan de alguna Verdad revelada, son sólo las conclusiones que he sacado sobre mi experiencia tras intentarlo mucho y cometer muchos errores, perder la paciencia y mucha prueba/error, leyendo sobre temas que tienen que ver con la educación (Recomiendo mucho a Krishnamurti) y simplemente intentando hacerle el menor daño posible con mis errores a mi hija.

Soy plenamente consciente de que su futuro depende sólo de ella, y que su éxito será producto exclusivamente de sus decisiones y aciertos, pero creo que merece la pena preocuparse e instruirse, porque un mal ejemplo sí puede ocasionarles mucho daño, y es una oportunidad inmejorable para tratar de sacar la mejor versión de nosotros mismos.

Vivimos una época de grandes cambios, y cada esfuerzo que hagamos con el propósito de que no hereden nuestros errores, será la mejor forma de contribuir a construir un mundo mejor.

Los Padres como el Estado, hemos de preocuparnos de no estorbar, es lo máximo que podemos lograr.


Mucha suerte y disfrutemos del Camino.








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